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  • María Lafosse

El miedo a los hidratos de carbono

Esta semana me encontré frente a dos personas con objetivos diferentes que compartían su miedo a los hidratos de carbono.

Por un lado, un muchacho joven que después de unos años de comida de mala calidad y poca actividad decidió ponerse en forma, asiste regularmente al gimnasio y mejoró la calidad de su comida queriendo ganar masa muscular, pero come pocos hidratos “porque engordan”.

Por otro lado, una mujer que teniendo sobrepeso ha mejorado muchísimo la calidad de su comida y ha mejorado mucho su salud, pero que prefiere no comer hidratos para no subir de nuevo.

Vamos a aclarar un poco las dos situaciones:

Por un lado, ninguno de los dos habló de lo que su salud necesita, de cuidar el funcionamiento del cuerpo sino de cómo quieren que se vea su cuerpo: primer punto a trabajar, la alimentación debería funcionar al servicio de la salud y no de la estética, más porque muchas veces la estética atropella a la salud y ese cuerpo que tenes no sólo es el lugar donde vas a vivir toda tu vida, sino que es parte de todo lo que sos vos como ser humano, y no un accesorio de belleza.

Además: para subir de peso hace falta que el cuerpo tenga la energía necesaria para formar músculo, de hecho es necesario que el aporte sea constante, que no se entrene en ayunas, que no haya sobrecargas sino un balance energético adecuado, establecer el tipo de actividad y coordinar los horarios con las comidas entre tantas otras cosas, pero definitivamente necesita hidratos de carbono para lograr aumentar la musculatura.

¿Y para bajar de peso? ¡Pues sí! también hacen falta para bajar de peso! No olviden que nuestro cuerpo funciona como cuando debíamos cazar y recolectar comida, y todos sus mecanismos son para "cuidarnos de la desnutrición", no tienen mecanismos de "esta grasa ya es demás, mejor me la saco de encima". Así que cuando reducimos drásticamente el balance energético o cuando no le damos suficientes hidratos de carbono, el cuerpo entiende que no estamos encontramos comida, ¡y eso es alarmante! “¡Protejan las reservas de energía!” (la grasa), “¡disparen un apetito voraz que haga que el humano salga a cazar!”, “¡aprovechen al máximo todo lo que llegue de comida!” Las alarmas o mecanismos de supervivencia son los que hacen ese famoso "bajé un montón de golpe y de repente me trabé ahí, quedé en meseta". Bueno, hace falta darle hidratos de carbono a nuestro cuerpo, primero porque es necesario salir de esa situación de estrés, aún aunque nos sobren kilos el cuerpo está intentando sobrevivir a una situación crítica como es no encontrar suficiente alimento. Por otro para lograr que tenga la energía necesaria para funcionar como corresponde (¡toda función del cuerpo requiere energía!). Y recién ahí es que regulamos que le falte un poquitín como para que lo vaya sacando de las reservas, pero con la tranquilidad de que sí encontramos comida. Esto produce la bajada de peso lenta pero constante, donde lo que perdemos es masa grasa y no masa muscular (ante la falta de hidratos, el cuerpo se come sus músculos para conseguirlos)

Así que por favor, cuando quieran fantasear con demonios piensen en los temas psicológicos no resueltos, en los miedos que les impiden vivir cosas, o en la falta de amor propio, que son inmensos demonios que nos reducen la calidad de vida. Pero no en los hidratos de carbono, ellos son parte de nuestra salud, y ella debería ser nuestro objetivo siempre.

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