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  • María Lafosse

¿Cómo mantener la salud en el contexto actual?

Actualizado: 23 dic 2018

Nuestra biología evoluciona mucho más lento que nuestra vida social, y si bien hoy ya producimos suficientes alimentos, podemos adquirirlos fácilmente cerca de nuestro hogar, y contamos con calefacción y vehículos, nuestro cuerpo aún funciona como cuando teníamos que cazar y recolectar alimentos.

Imaginen que en aquel entonces se comía lo que se encontraba -probablemente más en verano que en invierno-, y mantener el calor corporal dependía de contar con la energía suficiente para generarlo (y alguna que otra piel de animal). Durante unos 4,8 millones de años vivimos así, lo que permitió que nuestra biología se adapte a ese modo de vida, nuestros genes lograron un mecanismo para acumular grasa de reserva cuando sobraba la energía, así si después el clima era duro y no encontraban comida, o si hacía frio y debían generar calor, o si los animales eran escasos y tenían que desplazarse varios kilómetros para encontrarlos y cazarlos, podrían vivir de las reservas logradas en las épocas de abundancia. Fue un excelente mecanismo de adaptación que permitió la supervivencia del ser humano a través de los contextos difíciles de ese momento.

Si bien empezamos a producir alimentos hace 10 millones de años (criar animales, cultivar la tierra, dejamos de depender de lo que había para pasar a hacer que haya), al principio eran escasos, y seguían siendo una limitante para el crecimiento demográfico de la humanidad. En la medida que desarrollamos herramientas y técnicas fuimos mejorando la producción, pero no fue sino hasta la Revolución Industrial -hace 200 años atrás- que logramos cantidades de alimentos suficientes y hasta mayores a las necesarias, durante todo el año, teniendo que transportarnos menos, y con menor necesidad de generar calor por la construcción de espacios cerrados y los sistemas de abrigo y calefacción. Doscientos años suena a bastante, pero para que un gen llegue a modificarse hacen falta cientos de generaciones, y no sólo 4. Ahí es donde las reservas de energía que nos permitieron seguir existiendo hace millones de años empiezan a jugarnos en contra, porque empiezan a alcanzar niveles que afectan el funcionamiento del cuerpo. Al principio fue en unas pocas personas, hoy ya es un problema mundial y se llama obesidad.

¿Tienen un límite nuestra reserva? ¡Pues creemos que no! Hay personas que llegaron a pesar 635 kilos y su cuerpo no pudo dejar de almacenar grasa. No contamos con mecanismo para decir “ya es suficiente reserva, esto no lo guardo”, sino que mientras el balance energético sea positivo habrá aumento de la grasa corporal.

Entonces: hoy la apuesta es que no será nuestra biología quien nos salve de esta, sino que debemos asumir que somos “acumuladores” en un mundo de abundancia, y que eso implica que el límite tendremos que ponerlo nosotros, desde nuestra mente y emociones, porque nuestra biología no puede -aún al menos, quizás algún día si- lidiar con este entorno. Tremendo desafío, ¿no?

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